5 razones de por qué decimos si cuando queremos decir no

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5 razones de por qué decimos si cuando queremos decir no

¿Cuántas veces has dicho que si a algo que en el fondo no querías hacer? Nos sale el sí de forma muy fácil, es a veces automático. Salvo que te pares un instante a pensarlo. Pero es que a veces no nos permitimos ni siquiera ese instante de duda….no vaya a pensar el otro que…

Lo que sucede es que, para que no se quede incómoda la otra persona, lo que consigues es quedarte incómodo tú cuando dices que si en lugar de responder de forma honesta con un ‘no’.

La principal razón por la cual decimos que si es por este deseo de complacer al otro, de mostrarle mí aprecio. Sin embargo la mejor forma de mostrarle aprecio a otra persona es decírselo directamente o hacer algo por ella de forma espontánea, natural. Un sí que no es sincero no te va a acercar a la otra persona, al contrario, pues se va a reflejar en tu actitud, en cómo haces y cómo te expresas…y eso, aunque queramos pensar que no, se nota.

Otra razón es la culpa, nos sentimos culpables diciendo que no. Nos han educado en la culpa y eso es un lastre terrible, pues no nos deja ser auténticos, ni permitirnos expresar nuestros deseos, nuestras preferencias, independientemente de lo que pueda pensar el otro.

Por auto imposición, los tengo que, debo de… son formas de presión que nos infligimos a nosotros mismos por creencias de lo que tendríamos que hacer o ser para ‘ser buenos’ o para ‘ser correctos’. Es muy distinto plantear las cosas desde el tengo que que plantearlas desde quiero o elijo hacer esto o esto otro. Es una buena medida de tu libertad el observar hasta que punto te atosigas de tengo que o debo… o te permites elegir lo que realmente quieres hacer. Incluso puedes terminar haciendo las mismas cosas…pero con otra actitud. Nos engañamos pensando en que tenemos obligaciones cuando son elecciones nuestras que hemos automatizado. Es sano para tu relación contigo y con los demás que revises qué son elecciones y qué obligaciones.

Por miedo a dañar a la otra persona. Sin embargo no hay peor daño que que te mientan. Si eres capaz de decir que no explicando los motivos de forma natural y honesta, la otra persona puede sentirse decepcionada en un primer momento porque no se están cumpliendo sus expectativas, pero entenderá tu situación y agradecerá que seas sincero.

Por reciprocidad, por si en un futuro necesitas tú algo de la otra persona. Ten cuidado con estas ‘cuentas’ porque al final enturbian las relaciones. En lugar de ser espontáneo terminas siendo un contable de lo que hago por el otro y el otro por mí.

Tenemos la necesidad de vernos y que nos vean como ‘buenas personas’, solidarios, con ganas de ayudar a los demás… y también queremos cuidar de nosotros mismos, de nuestras necesidades.  La clave es encontrar el equilibrio entre ambas necesidades, las tuyas y las del otro.

Cuando accedes a hacer cosas que realmente no quieres hacer pagas un precio muy alto: te desconectas de ti mismo, desgastas tu energía, generas resentimiento, aumentas tu estrés y disminuyes tu autoestima. Sin embargo, cuando dices que si queriendo, realmente aumentas tu compromiso, tu conexión contigo y con la vida, aumenta tu energía vital y tu motivación.

Para poder tomar una decisión ajustada tienes que estar en contacto con tus necesidades y tener claro cuánto tiempo o energía quieres dedicar a otros. Y esta es una respuesta muy personal, cada uno de nosotros encontraremos una diferente. Lo importante es que sea la tuya.

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