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En nuestro día a día utilizamos de forma consciente o inconsciente multitud de etiquetas para describir lo que sucede, para dirigirnos a otros o para hablar sobre otras personas.

Por ejemplo:

Mi hijo es nervioso, el vecino es un pesado, la panadera es simpática, Luis es un desastre…, Ana es brillante…, los hombres son… , las mujeres son…, los niños son…., las suegras son…

Completa tu mismo

Pero, ¿qué sucede con las etiquetas? Que describen la realidad de forma sesgada, parcial. Cuando le pongo una etiqueta a algo o alguien estoy dando por supuesto que SIEMPRE es así.  De modo que yo ya lo trato bajo esta suposición y eso tiene efectos en mi relación con esta persona y consecuencias en cómo ella termina percibiéndose.

Tanto si es una etiqueta positiva como si es negativa los efectos siguen siendo limitantes:

  • De un niño que he etiquetado de inteligente siempre voy a esperar que obtenga buenas calificaciones y cuando no lo haga me va a defraudar, lo que implica una presión sobre el niño extra para cumplir mis expectativas, no se puede permitir un suspenso, un error… él mismo no puede verse de otra forma.
  • De un niño que he etiquetado como torpe voy a poner la atención en todos los fallos que cometa y los remarcaré, por lo que este niño construirá su imagen en torno a su torpeza, se identificará con ella y le costará más verse como alguien que puede ser brillante.

Y esto no afecta sólo a la persona a la que estamos etiquetando y a nosotros. Cuando alguien tiene una etiqueta, ésta suele ser social o afectar a un entorno cercano de personas, por lo que se reforzará con todas estas personas ese aspecto que remarca la etiqueta. En un curso una profesora nos contaba cómo en una evaluación al iniciar el primer profesor etiquetando de vago a un niño el resto de profesores se veían influenciados por esta etiqueta de tal manera que al tercer profesor que hablaba ya ni se cuestionaba que el niño pudiera tener otras cualidades  a contemplar. Triste, ¿no?

Ahora te invito a que hagas memoria

¿Qué etiquetas tenias en tu familia?

¿Acaso eras el bueno?¿El rebelde?¿El responsable?¿El gracioso?

Y ¿Cómo te ha afectado esto a lo largo de tu vida? ¿Qué cosas no te permites hacer sólo porque no casan con la imagen que tienes de ti mismo en base a estas etiquetas?

Como ves las etiquetas influyen profundamente en nuestra autoimagen y en nuestra percepción de lo que somos capaces de hacer o no. No son justas, porque no nos dejan permitirnos ser de miles de maneras, porque tú no eres gracioso siempre, ni siempre te rebelas, ni siempre eres bueno… hay veces donde es importante ser bueno y veces donde es necesario sacar el temperamento y poner límites, hay veces donde cabe ser gracioso y otras donde esto te limita a la hora de dar una respuesta ajustada al entorno.

Lo importante a la hora de comunicar es poder flexibilizar nuestras respuestas y las etiquetas nos dan rigidez, así que es momento de revisarlas. Si las tienes no te las creas por un momento, explora cómo sería si las quitaras y permítete ser de distintas formas y dar respuestas diferentes, a ver cómo te sienta!

Y respecto de los demás, piénsalo bien antes de ponerle una etiqueta a alguien.

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