Paso 4: Practica la escucha

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Paso 4: Practica la escucha

Esta semana vamos a iniciarnos en el mundo de la escucha, escuchar es todo un arte, un reto que implica constancia y energía por parte del que quiere aprender a  escuchar. Eso sí, la recompensa es realmente increíble. Cuando aprendes a escuchar empiezas a estar en contacto con la vida, contigo mismo y con los demás. Si hay algo que me ha llamado la atención en cuanto a cómo nos comunicamos, es nuestra incapacidad para escuchar.

El contexto donde vamos a utilizar la escucha es cuando la otra persona tiene un problema. Hay dos formas para ayudar a los demás cuando están experimentando un problema: la escucha pasiva y la escucha activa.

escucha activa

La escucha pasiva es aquella en la que prestamos atención al otro, estamos en silencio mientras habla y mostramos confirmaciones de que le estamos escuchando.

La habilidad de ayuda más eficaz, con diferencia, es la escucha activa, difiere de la escucha pasiva en que el que escucha retroalimenta lo que ha dicho el otro con el fin de asegurarse de que ha entendido cómo se siente y muestra que le preocupa realmente.

El proceso de la escucha inicia con una necesidad: la persona que está experimentando algún desequilibrio emocional, incomodidad, molestia, vergüenza, quiere volver a sentirse en equilibrio, cómoda, satisfecha. Cuando tenemos necesidades no cubiertas las expresamos enviando algún mensaje sobre nuestra experiencia interna, lo hacemos codificando los mensajes, esto significa que la mayoría de las veces el mensaje que enviamos no tiene nada que ver con cómo nos sentimos por ejemplo: ante una situación en la que me siento avergonzado digo ¡tú eres insoportable!, en lugar de decir que estoy avergonzado.

Lo que vamos a practicar hoy es decodificar esos códigos que los demás expresan.

escuchaLa práctica de hoy consiste en que estés atento a los códigos de la otra persona, básicamente que distingas entre lo que está diciendo y lo que realmente quiere decir, entonces, basándote en lo que estas escuchado (lo que el otro dice) y observando los gestos y códigos no verbales de la otra persona, tú decodificas el mensaje. Retroalimentarás lo que has entendido del mensaje del otro diciéndole lo que sientes que está experimentando. Lo siguiente será que la persona a la que estás escuchando responda a tu retroalimentación confirmando o clarificando tu entendimiento.

El siguiente es un ejemplo del proceso de la escucha activa.

  • María: Estoy hasta las narices de mi jefe.
  • Juan: Vaya, te veo realmente enfadada (retroalimento su sentimiento).
  • María: Más que enfadada estoy cansada, siempre estamos igual (se observa y ajusta).
  • Juan: Estas en un bucle (retroalimenta con sus palabras lo que le ha dicho).
  • María: Es que las últimas reuniones han sido un desastre, no son operativas. Empezamos bien y de repente se pone a contarnos su vida y se nos va el tiempo hablando de temas que no tienen nada que ver con los proyectos. Y vale, está bien, pero luego nos presiona para acabarlos en plazo (profundiza en el problema).
  • Juan: Vamos, que él mismo está boicoteando el proceso (retroalimenta con sus palabras lo que le ha dicho).
  • María: Si, ¡¡¡y no se da ni cuenta!!! Igual tendría que hablarlo directamente con él. Pero es que no se cómo abordar el tema (profundiza y comienza a buscar soluciones).
  • Juan: Te incomoda la situación (reflejo sentimientos).
  • María: Si, es una situación incómoda, pero si quiero que se resuelva he de hacer algo. Decidido, mañana hablo con él (inicia la resolución).

Y esta una versión que suele darse:

  • María: Estoy hasta las narices de mi jefe.
  • Juan: Venga, que no será para tanto (minimizamos la situación, le quitamos hierro).
  • María: Claro, como tu estas genial en tu trabajo, te crees que todo es un camino de rosas (reacciona, se aleja).
  • Juan: Yo también tengo problemas, pero no estoy siempre quejándome (reacciona, también se aleja)
  • María: Tranquilo, que no te voy a molestar más con mis problemas (termina la comunicación).

O quizá esta:

  • María: Estoy hasta las narices de mi jefe.
  • Juan: Déjate ese trabajo ya, no te deja vivir en paz (aconseja).
  • María: Si pudiera ya me lo había dejado, te lo aseguro (reacciona).
  • Juan: Todo es proponérselo, mira Aurora el cambio que ha dado (aconseja).
  • María: No vas a comparar, ella tiene muchas más opciones que yo… (se desvía de resolver su problema, se enreda mirando hacia otro lado)

 

La diferencia entre la primera conversación y las otras dos es que en la primera la persona que escucha está atenta a devolverle al otro lo que le dice, confirmando a la vez que le está entendiendo y dándole una señal clara de escucha con sus respuestas. En las otras dos, la persona que escucha se desvía de escuchar para darle ‘sus soluciones’ a la otra persona, que al final se aleja, porque su necesidad de ‘sacar y procesar la situación’ no está siendo satisfecha.

Adelante con la práctica. Y si no te ves con la claridad o seguridad suficiente para hacerlo, observa simplemente en estas situaciones qué sucede dependiendo de la respuesta de las personas. Observa cómo nos alejamos cuando ponemos barreras en la comunicación o nos acercamos cuando aceptamos lo que le está sucediendo al otro sin juicios ni consejos.

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