Sin Aceptación no hay comunicación.

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Sin Aceptación no hay comunicación.

Me atrevería a decir que sin aceptación no hay relación.

Para poder comunicarnos con los demás hemos de aceptarlos, esto no significa que tengamos que estar de acuerdo con ellos, la aceptación es otra cosa.

En nuestras relaciones familiares sobre todo solemos pensar que si el otro fuese de otra manera las cosas serían más fáciles o mejores o incluso que seriamos más felices. Que absurdo¡¡¡¡¡, si mi niño no llorase tanto, si no fuese tan contestón, madre mía si tú tuvieses que lidiar con mi marido cada día verías, esta última nos viene a la cabeza en alguna conversación en la que la otra persona está como nosotros, creyendo que si el otro fuese diferente estaría mejor.

La aceptación es el punto de partida a través del cual se construyen las relaciones de verdad, esto es así porque cuando hay aceptación ya no hay proyección, es en ese momento cuando puedo empezar a ver al otro tal y como es no a través de mis proyecciones.

Si aprendo a aceptar al otro cuando lo que está diciendo va totalmente en contra de mi forma de ver las cosas, no solamente podré comunicar con esa persona, además aprenderé muchas cosas, me adentraré en formas de ver el mundo distintas a la mía  a través de las cuales puedo incluso llevarme alguna sorpresa.

Aceptar al otro no significa estar de acuerdo con él, aceptar al otro me da la posibilidad de comprender otra forma de ver las cosas, incluso de cambiar mi forma de ver las cosas. Darme el permiso para que esto suceda es a lo que yo llamo libertad, si soy capaz de escuchar a alguien que en principio piensa de forma muy distinta a la mía, sí de lo que dice hay algo que me parece congruente y  en ese momento me atrevo a cambiar mi forma de pensar por que los argumentos del otro me han llevado a comprender algo que yo pensaba que era de otra manera, entonces seré un poco más libre y la comunicación estará empezando a servirme para algo.

Tenemos un gran apego a nuestras creencias y a nuestros sistemas de pensamiento y esto nos impide aceptar otras creencias y otras formas de pensar.

La aceptación que puedo llegar a sostener del otro es directamente proporcional a la aceptación de mí mismo, en general suele ser bastante baja, además hemos aprendido que cambiar de forma de pensar es algo así como dejar de ser tú mismo, nada más lejos de la realidad, tenemos miedo a ser cambiados por otros aunque solo cuando decidimos que los demás puedan influir en nosotros para cambiar ciertas cosas es cuando experimentamos la verdadera libertad.

Observa cuál es tu nivel de aceptación contigo mismo y con los que te rodean.

Aceptación no es resignación si te parece que te estas resignando es que no has comprendido lo que es la aceptación,  la aceptación es una actitud ante los demás y ante la vida que no tiene nada que ver con la resignación, si has conseguido aceptarte o aceptar a alguien en algún momento de tu vida entonces sabes de que estoy hablando.

Comienza por escuchar tratando de no juzgar desde tu sistema de creencias, ábrete a tratar de comprender los sistemas de creencias de los demás y verás cómo tus conversaciones empiezan a ser más reales, más auténticas y con mayor significado.

Con los hijos y con la pareja la no aceptación suele ser muy fuerte ya que es en ellos donde podemos ver la falta de aceptación que sentimos hacia nosotros mismos, practicar en especialmente aquí te permite ir conociendo verdaderamente al otro, salirte de las proyecciones y empezar a comunicar de forma más eficaz.

 

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