Un gran momento para la educación

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Un gran momento para la educación

Estamos viviendo un momento histórico para la educación, para las familias. Es un momento de cambio y una gran oportunidad de hacer las cosas de otra manera.

Tenemos un gran reto por delante, el llevar a nuestra cotidianeidad una forma de educar, de relacionarnos, donde ofrezcamos un modelo a los más jóvenes que les permita desarrollarse de forma autónoma, respetuosa y con su autoestima a salvo, que les permita de verdad sacar su potencial al máximo. Y este camino no es corto, pero es el único que nos lleva a evolucionar como sociedad, como familias, como personas.

Soltar el uso de poder como medio para que nos ‘hagan caso ‘y acogernos al respeto mutuo. Ahí está el gran cambio, la transformación. Comenzar a ser un poco más humildes y darnos cuenta de que los adultos no tenemos todas las respuestas y que si escuchamos a los más jóvenes puede que encontremos soluciones que cubran sus necesidades mucho mejor que de la forma como lo estamos planteando en este momento.

En estos últimos años hemos oído hablar una y otra vez de reformas educativas, unas reformas que se quedan en la superficie, en el contenido, en si damos o dejamos de dar una materia, en si hay más o menos horas de otra. Unas reformas que no han entrado en el problema real, en cómo ha de ser el espacio para que un ser humano se desarrolle, en de qué manera un niño aprende de verdad, con interés, con ganas, de forma natural. Porque nuestra naturaleza es puro aprendizaje. Es imposible vivir y no aprender. No hace falta obligar a nadie a aprender.

No se han planteado escuchar a los niños, ni qué es lo que ellos necesitan. Estamos totalmente desenfocados. Imagínate en tu empresa que se cuestione lo que tú vas o no vas a hacer y cómo…y que en ningún momento se te pregunte. Estarías indignado, frustrado y desmotivado. Pues no sé si los jóvenes están indignados, pero frustrados y desmotivados con nuestras propuestas educativas como adultos lo están, y no es para menos.

Con todas las transformaciones que ha vivido esta sociedad en los últimos 40 años y todos los cambios de mentalidad que hemos hecho nos queda una tarea pendiente y es pensar la educación como algo que realmente le aporte a la persona, que dejemos de pensar exclusivamente en conocimientos y en cómo evaluarlos,  y comencemos a pensar en global, en las habilidades necesarias para desarrollar talentos. Nuestros hijos no son números y en este mundo cada vez más incierto necesitan es poder gestionarse en la incertidumbre, saber relacionarse, tener la capacidad de encontrar sus propias respuestas y el espíritu crítico para evaluar el entorno y tomar sus propias decisiones. Y eso no se lo va a dar el que sigamos ordenándoles lo que tienen o no tienen que hacer, que sigamos decidiendo lo que les afecta sin contar con ellos.

Si comenzamos a observar a los niños, a entender sus procesos naturales, a permitirles que se tomen el tiempo que necesiten, si comenzamos a escuchar a los más jóvenes…comenzaremos a entender qué es lo que realmente necesitan para desarrollarse como personas plenas, sabremos crear los espacios idóneos que para ello y podremos ofrecerles modelos sensatos donde se dé su aprendizaje.

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